Una mujer espera (Poesía Visual)

Serie fotográfica: UNA MUJER ESPERA
Fotógrafo: Johnny Alberto Cano Corrales
Modelo: Laura María Giraldo García
Técnica: Fotografía En Blanco Y Negro
Cámara: FUJIFILM – Finepix S1500
Iluminación: Luz Natural
Propuesta: Poesía Visual
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Una mujer espera a solas y en silencio bajo la contemplación de la palabra y el espesor del humo del cigarrillo a quién le roba su alma. Una mujer espera entre el mar de sus lágrimas, de sus palabras suicidas; palabras que sólo piensa mientras observa por la ventana y espera el regreso utópico de su alma perdida.

Una mujer bajo el silencio del cuerpo, que se hunde en la masturbación de sus poros, en la respiración agitada, en el ti-tac monotemático e impaciente del escudero del tiempo que sólo se prolonga y aturde en el espacio.

Mientras lee a Cristina Peri Rossi y observa por la ventana piensa en este fragmento:

“Llevo treinta años en esta pieza que no conozco bien y a veces cuando me inclino a dejar los zapatos hago algún descubrimiento; descubro por ejemplo que ayer hemos empapelado las paredes, que tendiste los pañuelos del respaldo de la cama o que las colillas del cigarrillo se han secado sobre el suelo. Pienso entonces en el abismo infinito del espacio.” (PERI ROSSI 2004)

Esta serie compuesta por una mujer, por la tranquilidad del ambiente, por los reflejos, por la vejez de un recuerdo, por la luz que entra por la ventana y juega a la sensualidad sobre ella y sus contornos; un televisor ebrio por el vino, dedicado sólo al Zapping entre lo no pronunciado, lo soñado y lo pensado, el tiempo como esa desolación transeúnte o una dislocación entre el “yo”, el “ello” y el “súper yo”.

Una mujer espera en silencio… En el silencio, son las palabras que guarda esta serie, que se esconden y que son una manifestación de la parte más humana en una mujer. Una mujer que espera.

No es fumar por fumar...

"Enciendo un cigarrillo mientras pienso en escribirlos y en el cigarrillo saboreo la liberación de todos los pensamientos"
Fernando Pessoa


Hace días que leo “Puro Humo” de Cabrera Infante, hace días que pienso en el tabaco y en el sabor que buscan mis papilas gustativas cada que recuerdo esos pequeños Puros que fumaba en la casa de mi amigo Fernando; pienso en los cigarrillos que he besado ambicionando sus almas, pienso en el humo que se escapa de mi boca al ritmo de la respiración, me pregunto incluso ¿por qué fumo? ¿Para qué fumo? ¿Qué tiene de genial ese acto al que llaman fumar?

Con Cabrera Infante descubrimos un poco sobre el origen de ese ejercicio que es fumar, desde el descubrimiento de los hombres-chimenea por Rodrigo de Xeres, quien moriría por culpa del tabaco (no fue el cáncer, fue la iglesia cristiana y su mujer devota quien lo mató) pasando por la etiología y la etimología de todo el proceso de elaboración de los “puros” en Cuba y el surgimiento del cigarrillo , además de la manera en que se reprodujo en el mundo entero.

Más aún, Sin el tabaco sabríamos de cierto lo que es el amor y acaso incluso el significado de la melancolía (Cabrera Infante, 1985). De algo sí estoy seguro y está relacionado con la cita anterior, fumar tiene alguna relación con la melancolía, más exactamente con la saudade, esto no quiere decir que no se disfrute un cigarrillo en reuniones o que un cigarrillo no se puede fumar después de hacer el amor, pues el tabaco como tal tiene una connotación social, nace desde lo social y es tan viejo en el nuevo mundo como las palabras.

El tabaco es un elemento que convoca al silencio, a la observación del humo, a la reflexión sobre las figuras fractales, que forma este coloide, reflexión que dura lo que demora en convertirse en cenizas el tabaco, después de fumar el éxtasis sella mis labios (Cabrera Infante, 1985). No es fumar por fumar, no es una moda ni un estilo de vida como dirían muchos, fumar es un acto entre el “Yo” y el yo, acto que se mezcla entre el encendido, la sensualidad de una bocanada de humo y el silencio de las palabras que navegan en el amargo de la nicotina y el alma coloidal del tabaco en la boca.

Sólo sé, que no es fumar por fumar, es encender un cigarrillo, un habano o un Puro en el mejor de los casos, porque un cigarrillo es una mujer y una mujer es una fuma.(…) un Puro es una mujer ¡una fuma divina!... (Cabrera Infante, 1985) y en la medida en que dejo salir el humo de este cigarrillo barato que fumo mientras leo “Puro Humo” seguiré repitiendo que no es fumar por fumar… sólo eso.
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Benjamín Quintanilla
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LA PROMESA DE JOHN FREDY ALIAS “YUCA”

“El Cebollita” era el menos valija de todos, pero el más peligroso. Jorge Andrés Gutiérrez Espinal, como había sido bautizado y registrado en 1979, Andresito como le decía su mamá, “El Cebollita” entre los parceros, fue asesinado el día 13 de septiembre 1994 cuando el Hippie y el Yuca estaban haciendo una vuelta en sus mini bicicletas. Le metieron tres tiros en la cabeza, uno en el corazón, dos en la espalda;se aseguraron de que el hombrecito no se levantara nunca. De baguis negros, camisa de chalis mangalarga abotonada hasta el cuello, zapatilla Zodiak por comodidad para el pique cuando hacía alguna vuelta, cabeza rapada con el siete, oreja izquierda perforada con una cruz de plata que colgaba, y en el lomo de sus dedos, tatuados de una forma artesanal, las iníciales de su nombre y una cruz. Con sus invencibles 15 años pasaba por el parqueadero de la torre eléctrica entre el barrio Ferrara y Balcones de Sevilla en Itagüí, dándole fin a una pata de marihuana que había encontrado en su chaqueta ese día antes de salir de casa.


No pertenecía a las milicias porque para él y sus otros dos parceros la libertad era un hecho irrefutable. Nunca trabajaron para el narcotráfico porque eso los rebajaría al nivel de putas, y porque no les gustaba recibir ordenes y vivir timbraos cada que estuvieran haciendo un negocio, porque sabían que si trabajaban para los narcos, ellos lograrían que se mataran uno a uno. Vivían armados con trabucos, armas artesanales construidas por ellos mismos. Su negocio eran los electrodomésticos, los relojes, las billeteras y el efectivo instantáneo, no eran sicarios porque nadie les pagaba por matar, lo hacían por la adrenalina, porque a veces tocaba y por el placer que les causaba la muerte.

El Hippie y el Yuca eran los duros, el Cebollita era una especie de aprendiz o el hermano menor que aprende del mayor los buenos hábitos. El Hippie no vivía en el barrio, pero se la pasaba metido allí con su radio de baterías a todo volumen escuchando latina estereo, coqueteando con cada niña que pasaba por su lado y esperando a John Fredy, su parcero de infancia, que sí vivía allí; al Hippie nunca se le vieron los ojos, siempre de lentes oscuros como si estos fueran un apéndice más de su cuerpo, algunos decían que mirarle los ojos era como encontrarse con la muerte, que ya no se sabia si eran unos ojos normales o estaban totalmente a la deriva por el efecto de las drogas; le decían el Hippie por sus colas largas al estilo de René Higuita, porque su brazo izquierdo estaba lleno de manillas desde la muñeca hasta la mitad del antebrazo y porque en el cuello tenia dos escapularios de la Virgen del Carmen y una camándula como amuletos. Vestido siempre de pantalón rojo bota tubo, doble costura blanca, camisetas negras de bandas de punk o metal (aunque no fueran sus favoritos), chaqueta de cuero negra y en la mano derecha una pañoleta roja enrollada en la muñeca. Era amigo de John Fredy desde el jardín, ambos se salieron del colegio cuando tenían 13 años, pensaban que estudiar no les ayudaría a tener lo que querían.

A John Fredy le decían Yuca y no había una razón, por lo menos conocida, para este alias. El Yuca era el duro de los tres, el jefe, cargo que se había ganado implícitamente por sus proezas, por su putería y puntería cuando de matar a alguien se trataba, por los grandes robos que organizaba y porque fuera de tener un trabuco tenía también una escopeta. John Fredy llevaba en todo su dorso una imagen tatuada de la virgen, que siempre mostraba con orgullo. Huérfano de padre porque su mamá era prostituta y quedó en embarazo sin darse cuenta, ella intentó abortar varias veces pero John Fredy, firme como una raíz, siguió su gestación y nació, adelantado en tiempo pero fuerte y saludable.

Cuando el Yuca quería relajarse se iba para la torre de energía que había en el barrio, se subía hasta la punta, se sentaba, prendía un bareto y desde allí se sentía un dios, lograba pasar horas y horas perdido en sus pensamientos, en la contemplación del panorama, imaginando los mundos que podría conquistar si pudiera volar de verdad.

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Cuando mataron al Cebollita, el Hippie y el Yuca acababan de llegar al barrio con un regalo para él, su propia mini bicicleta bien engallada, cuando estaban entrando a la casa de John Fredy, se escucharon dispararos cerca a la torre de energía, sonaron como diez o quince tiros.

– ¡el Cebollita! Parce ¡el Cebollita!; gritaba John Fredy,
– ¡me mataron al parcero hijueputa!
– ¡por qué mataron al parcero!…

Sin tener certeza de ello, agarró su escopeta y con el Hippie detrás, ambos a toda velocidad, con el mejor pique que los Zodiak les podían dar, llegaron al parqueadero en donde el cuerpo lánguido de Jorge Andrés convulsionaba, sintiendo la muerte como el último orgasmo que puede obtener de la existencia. El Yuca alcanzó a ver a uno de los que le disparó al Cebollita corriendo a lo lejos, buscando escondite, dos tiros de su escopeta y una sentencia que el aire llevaría a los oídos de los que mataron a Jorge Andrés.

– ¡Hijueputas, me estaban buscando, pues me encontraron gonorreas, y como mataron al parcero así los mato yo!…

Se escuchó la moto de los policías que llegaban al lugar, el Hippie con una mirada fría, cómplice y fija en los ojos de John Fredy se abrió del parche, porque no quería que lo cogieran como sospechoso y porque además lo estaban buscando, el Yuca llorando la muerte del parcero se quedó y fue agarrado como sospechoso por haberse encontrado allí armado. Lo soltaron a las dos horas, porque el hombre tenía permiso para portar esa escopeta y porque además las balas que atravesaron al Cebollita eran de otro calibre.

Reunió a la pandilla entera, de ella quedaban muy pocos porque la limpieza social estaba haciendo de las suyas, pero con cinco de ellos era suficiente para cazar a los que habían matado al Cebollita. Una semana pasó desde la balacera y ya tenían localizados a los que le habían disparado a Andrecito, un par de sicarios contratados por los dueños de las plazas, por los narcos que querían montar una plaza en el barrio de John Fredy, pero primero tenían que llegar a él y empezaron con el parcero que era como su hermanito. Una vez echa la vuelta, tres tiros en la cabeza, uno en el corazón y dos en la espalda como lo prometió el Yuca para cada uno de los hijueputas involucrados.

En homenaje a Jorge Andrés; en el parqueadero cerca a la casa de John Freddy, el Hippie, el Yuca y otro parcero, estaban celebrando la venganza y bebiendo en honor a el difunto. El radio de baterías del Hippie a todo volumen, un silencio entre la canción que termina y la que empieza y tres tiros sonaron y el difunto era el Yuca. El Hippie y el otro parcero salieron corriendo en rutas opuestas, al Yuca, según parece lo mato el Hippie porque éste se había asociado a los narcos y quería todo el poder para él.

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Benjamín Quintanilla
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Humanidad en llamas (Poesía visual)

Cámara: Panasonic DMC – LS80
Iluminación: Luz de velas
Propuesta: Poesía Visual

La humanidad en llamas esta compuesta por varios objetos y un poema, estos objetos son: los libros, el cuerpo humano (fragmentado en sus grandes representantes), las velas, el humo y algunos elementos de la naturaleza exterior a la humana (rosas, semillas, troncos de madera, arena, etc.) el poema es: Velas de Constantino Kavafis.

Velas

Los días del futuro están delante de nosotros
como una hilera de velas encendidas
-velas doradas, cálidas, y vivas.

Quedan atrás los días ya pasados,
una triste línea de velas apagadas;
las más cercanas aún despiden humo,
velas frías, derretidas, y dobladas.

No quiero verlas; sus formas me apenan,
y me apena recordar su luz primera.
Miro adelante mis velas encendidas.

No quiero volverme, para no verlas y temblar,
cuán rápido la línea oscura crece,
cuán rápido aumentan las velas apagadas.


La significación de los elementos que reúne esta serie fotográfica, puede tener múltiples interpretaciones en un orden diferente al convencional acá expuesto. Los libros representan al tiempo a la construcción de una historia, de una memoria que perdura hasta la extinción del mismo, los libros como cada hombre que se construye por el lenguaje y las palabras que lo introducen en la cultura. El cuerpo Humano como ese material táctil, tangible que nos otorga una existencia, una representación “real” a la visión humana.

El cuerpo humano fragmentado en: las manos que son esa extensión inconclusa de los ojos, que pueden crear, destruir pero que también pueden preservar. Los pies no son más que esas raíces que no encontraron alimento en el interior de la tierra, separando al humano abruptamente de la tierra y el barro del que fue creado en miles de años de evolución, son a la vez una idea de autonomía e individualidad. El abdomen femenino que esconde a la piedra filosofal, que guarda al vientre donde la vida es motivada a la existencia corporal, el abdomen que es ese representante de sensualidad de goce y de placer. La boca que pronuncia palabras, reflejos mentales, expiaciones de la culpa de alma, que dispara vocablos inconclusos y asesinatos gramaticales. Los elementos de la naturaleza es sólo para recordar que ella siempre esta desde el principio hasta el fin.

Todos estos elementos reunidos bajo la luz de las velas, velas encendidas porque son la vida misma. Cuando una vela agota su llama es seguro que el tiempo pasa, y no queremos recordar ni pensar en que el tiempo también se acaba. Porque no somos mas que Memoria calcinada, humanidad en llamas.

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Johnny Alberto Cano Corrales
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    Importante

    Las fotografías publicadas en esta columna son tomadas por Juan Ángel Quintanilla y JACCO / Urbano

    A la espera de mi "voyeur"

    A la espera de mi "voyeur"
    En sus muslos almohadones de carne, se va la noche (Alberto Cano )

    Juan Ángel Quintanilla

    Aspiraciones Inspiraciones

    Aspiraciones Inspiraciones
    "Enciendo un cigarrillo mientras pienso en escribirlos, y en el cigarrillo saboreo la liberación de todos los pensamientos. Sigo al humo como a una ruta propia, y gozo, en ese momento sensitivo y adecuado, la liberación de todas las especulaciones, y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de hallarse uno indispuesto. Después me reclino en la silla y continúo fumando." (Fernando Pessoa)

    Juan Ángel Quintanilla

    ...Silencio, alguien duerme...

    ...Silencio, alguien duerme...
    "¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir": ;Amé esto?Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas, un gorrioncito que fue de Lesbia, unos blues que ocupan en el recuerdo el sitio menudo de los perfumes, las estampas y los pisapapeles." (Fragmento del Capítulo 87 de rayuela)

    Juan Ángel Quintanilla

    De la serie Humanidad en llamas // El FIN

    De la serie Humanidad en llamas // El FIN
    un hombre que muere, un vela que apaga su llama, humo que se eleva en la oscuridad, alma que viaje en el no-tiempo. porque sólo somos humanidad en llamas (Benjamín Quintanilla)